
Si algo define y orienta las directrices del trabajo de Favier Felipe Mesa es su compromiso con el arte. Luego, por extensión, con todos sus mundos paralelos. No es fortuito que este artista proveniente de la plástica incursione en el universo cosplay, más aún cuando usa los medios y las convenciones como recursos nunca definitivos o cerrados en sí mismos. Favius Cosplay -valga la etimología del nombre- está desdibujando las fronteras interdisciplinarias y redefiniendo sus preceptos en pos de obtener novedosas variantes dialógicas. Se trata de la relación que guarda la pintura con la literatura, con el grabado, con el dibujo, con el boceto, con la idea, con la forma, con la metáfora y con las infinitas maneras de proyectarla. Porque su mundo es amalgamático, evoca, representa, al tiempo que deshace y rehace modelos ya legitimados por la historia para diseminarlos en su contexto antillano.
Asumir el espíritu cosplay en Cuba supone -más que una sensibilidad epocal en sintonía con las tendencias foráneas- coexistir en medio de un contexto que se desentiende e ignora este tipo de prácticas artísticas. Supone además, incorporar a la creatividad todo el abanico de referencias con el que nuestro imaginario sea capaz de dialogar. Por eso, ateniéndonos a la premisa de que en nuestra isla los materiales de producción escasean, se encarecen o desaparecen, el trabajo de Favius Cosplay cobra un valor extraordinario.
Realizar disfraces para cosplay requiere tantos recursos como ingenio. Desde los sombreros, máscaras, trajes, hasta otros accesorios complementarios como espadas, escudos, armas de fuego y un sinnúmero de elementos que hacen real el mundo de la ficción, Favius recorre necesariamente al reciclaje para lograr la imagen lo más fiel posible al modelo original. De ahí que el arte de crear tenga un provechoso sabor ambivalente: el del sacrificio de ver un producto terminado y la satisfacción de poder hacerlo con las propias manos. Entonces el Favius pintor se acerca con sus trajes al Favius cosmaker cuando el brochazo transmuta en confección, en elaboración, en el estilo que precisa cierta lejanía para integrarse.
Llama la atención la habilidad del creador para construir una atmósfera capaz de hacernos girar en los círculos de sus intereses estéticos. Yo no soy cosplayer, ni cosmaker, ni kameko, pero doy fe de una experiencia excepcional. Y si bien todo conlleva un proceso de aprendizaje, de práctica, de familiarización, no es menos cierto que acercarse por vez primera al universo cosplay genera una empatía pocas veces experimentada. Enhorabuena continúe y se forje el cosplay cubano, para bien de sus seguidores, del arte y de todo lo que favorezca el diálogo transcultural.
Elisa Alvarez Delgado
Mayo 12, 2018.